Hoy te voy a comentar una jugada que, sin ir más lejos, se hace a diario.
Se hace sin pensar. Sin meditar la razón. Hay un extraño en el portal y YO no le conozco de nada.
Entiendo la postura. Entiendo el hecho de ponerse a la defensiva haciendo valer su condición de propietario, aunque a veces no lo sean.
Entiendo que el amarillo impone. También el verde o el negro. Depende de la situación y el lugar. Hoy toca amarillo solamente.
Te pongo en contexto.

Antes deja que aclare que no lo digo por los repartidores de publicidad, que también puede llegar a tener su aquel sino por los repartidores en general. En lo personal me afecta como cartero.
El llamar a un portal, al timbre de los telefonillos, es como cuando llamas a tu prima morena por teléfono. No sabes si se está haciendo las ingles o está echando el polvo de su vida con un guaperas tope buenote o, está más aburrida que una piedra en medio del camino alegrándose incluso de tu llamada.
El caso es que tú llamas.
A ella, a la prima, quizá le acaba de caer el cazo de leche caliente y se cabrea por la llamada.
O su pareja le está echando la brasa y no sabía cómo quitársela de encima.
Salvado por la campana.
El caso es que no sabes como se encuentra el otro. Y mucho menos lo que está pasando en ese instante al otro lado.
Tú llamas.
Porque necesitas entrar, en mi caso.
O necesitas que te consuele de lo que sea que te está ocurriendo.
Llamas y te identificas como cartero.
La pregunta que sigue es repetitiva.
– ¿Cartero? ¿A estas horas?
Otra muy usual, y novedosa, es, –No espero carta yo.
A los primeros, nada pues. Cuando llegue el de amarillo le pides a él las cartas que llevo yo.
A los otros….
A los otros, he de recordarles que se les deja compartir una comunidad de vecinos y que como tal deben de permitir el acceso a cartero y mensajeros.
Como simples usuarios que son de tal comunidad no son quienes, por sí solos, para decidir quien o no debe recibir correo o l que sea que deseen recibir.