Aaayyy, la lluvia
Una vez me dijeron que los rusos, a la lluvia, le llaman gotas caen.
No tiene fallas su lógica, no se las veo vaya.
Básicamente es eso, gotas que caen.
Otra cosa es lo que pueda haber en esas gotas. Hoy eso no toca.

La lluvia como tal tiene su parte romántica, bonita y hasta incluso relajante dependiendo de dónde y cómo te pille.
Te pilla en una carretera desierta y con una rueda del coche pinchada y, casi te aseguro, que no te va a hacer la misma gracia que cuando te encuentra en el salón de tu casa y con una chimenea encendida.
Y la lluvia es la misma. La situación no.
Lo mismo que si te la encuentras trabajando.
Qué le vas a explicar a la persona que está tras una mesa en una enorme oficina de que se te moja la mercancía desde el camión hasta el sitio donde la entregas. Que va a saber ella.
Esos días toca despacito y buena letra.
Un resbalón puede darte un buen disgusto, un buen susto y dolor de culo.
Un día de lluvia puede ser un buen día de lectura. Si por tu trabajo no puedes leer, siempre puedes escuchar. También se aprende.
Cuando vayas bajo la lluvia, muy importante, los pies siempre secos y calentitos.