Entrecerrando los ojos mirando a la calle
Un sol que rompe las piedras.
Debajo del porche de la plaza unas mesas.
Gente profesional atendiendo ¿Cabía duda alguna?

Bromas, silbidos, conversaciones en voz baja, complicidades en las mesas.
Risas.
Personas tomando cafeses.
Personas bebiendo cerveza. Algunos vermú.
Estamos describiendo a grandes trazos lo que viene a ser una terraza de un bar. También podría tratarse de un restaurante.
¿Sabes cuanto puede costar llenar una terraza?
El esfuerzo que pueda suponer que las personas se detengan. Al fin y al cabo, son personas. Cada una de ellas con sus hábitos y manías.
Parece fácil.
Como el plátano, que oro no es.
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En 14 minutos y poco más te suelto la solución a las mesas ocupadas.
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Unos dicen que no va con ellos. Otros no se ven capaces, o no tienen huevos, a hacerlo.
Algunos parientes de las gallinas sí saben como hacer que no queden mesas bajo el porche.
Después, lo de los chiquillos corriendo de acá para allá y los perros ladrando de una esquina a otra de la terraza ya está en tus manos. De momento.
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La gestión digo.