Te pongo un poco en situación, me planto en un portal. Miro el panel del portero electrónico.
26 botones + 1 ático sobre los que pulsar.
Se dice pronto. Eso es una jartá ya de timbrazos.
Empiezo. Para aligerar un poco voy de tres en tres.
Llevo casi la mitá y parece que no hay nadie en toda a comunidad.
Estarán en la playa, pienso. Estamos en zona costera. Primera línea de mar.
Veo una sombra que se mueve en el portal.
Una señora, muy amable ella.

Ha bajado solamente a comprobar quien es el que toca, insistentemente, un timbre tras otro.
Le explico que traigo una notificación del Juzgado de Paz y que, en ausencia de los moradores, debo dejar una nota de paso en el buzón. Es para un quinto y no me responden, le añado.
Me dice que no abren la puerta a nadie por que hay muchos robos en viviendas y no se fían.
Le muestro una ristra de llaves de otras comunidades y le comento que la comprendo y que, como puede comprobar, en otras comunidades se han avenido a compartir la lleve del portal conmigo (con el cartero) puesto que si no puedo depositar las cartas en sus buzones me veo en la obligación de devolverlas a origen.
Además, le añado, la comunidad no puede vetar el paso del cartero.
Situaciones como ésta se dan. Más a menudo de lo que pensamos.
Se trata de dialogar y hacer entender que es una necesidad y un bien para ellos, no un lujo que yo me quiera permitir.
Aquí no vale decir que “yo recibo todo por correo electrónico”. En el caso expuesto se debía entregar una notificación de un juzgado. Esa documentación se entrega en persona.