Sería media mañana de un día cualquiera.
Mi hijo y yo repasando tema de cartificados y paquetes.
Entra una pareja joven.
Chica y chico.
–Buenos días, ¿el titular?, pregunta la chica
–Yo mismo, ¿quién lo pregunta?, respondo al tiempo que miro su mano derecha.

Había en ella una placa de la Policia Nacional.
–Somos de la Brigada anti-droga de Hacienda Aduanera del Puerto de Tarragona, me explica la misma.
No tengo nada que esconder, pero tampoco nada que enseñar
Los pantalones ya estaban por las rodillas.
–Visita rutinaria y informativa, nos comentan
Estaban haciendo una visita a las empresas que, como la mía, se dedican a la paquetería para informarles, a la vez que preguntarles, por «comportamientos no normales», por llamarlo de alguna manera.
Nos dejaron un folleto con unos pasos a seguir en caso de notar alguna cosa sospechosa en el modo de actuar de las personas al venir a entregar o recoger alguno de los paquetes que entran y salen de sendITi y nos los comentaron un poco por encima.
Miraron, y no sólo por encima, los paquetes existentes en las estanterías. Tanto los que debían salir ese día, como los qu ehabían entrado por la mañana.
Nunca había visto miembros de ese cuerpo, y nunca los he vuelto a ver. Ni dentro ni fuera de la oficina.
Te cuento esto porque, cuando vengas a recoger o a entregar algún paquete, te estaré observando con lupa cual Cherlok Jolms…
No, hijo, no, que es broma.
Puedes venir cuando quieras que nos vamos a echar unas risas. Aunque hay una tia (señorita) con placa.