La apocalipsis se repite una y otra vez.
Vamos allá,
Hola, sea cuando sea que me estás leyendo.
Dicen que la carta se está acabando. Muriendo. Finiquitando.
Que está kaput dicen.
No te digo que no. Es mucho más práctico y rápido enviar un Emilio que ponerte a escribir una carta.
A fin de cuentas, con un “Hola” y hacer la pregunta que te interesa hacer se acaba.
O engancharle un pdf y mandar un extenso curriculum con toda tu historia.
Rápido es. Práctico no se puede negar.

No hay que comprar sobres. Ni sellos. Ni escribir donde quieres que vaya la carta.
Se escribe una dirección de correo electrónico (¿Quién no tiene una o varias?) y el manido “hola” y darle a “enviar”.
Así de simple y sencillo. Luego responderán o no. Al igual que en el correo postal.
¿Tu respondes al correo con la factura de la línea de fibra o adsl?
No. A la carta tampoco respondes.
¿Cómo saben que te ha llegado?
No lo saben si no te quejas, de todas formas, ya han cobrado su importe.
Si hay dinero en la cuenta, si no lo hay entonces si te envían una carta. Seguramente certificada.
Al final se regresa al papel, al documento físico.
En unos años no será de esta forma. No lo dudes.
También se decía que iban a desaparecer los libros con la aparición del iPad y demás lectores electrónicos.
Soy cartero. El papel siempre es y será papel.
Con sus ventajas, que las tiene, y sus inconvenientes. Que no le faltan.
Hay que ser muy buen archivero para tener el usb o disco duro bien ordenado.
Y con esto me despido, que no era la idea darte la lata de esta manera.