Siempre se ha dicho y creo se trata de una solemne mentira
Hola, buenos días si me lees por la mañana.
Hoy voy a dar unos consejos, que para mí no tengo, acerca de la adolescencia.

Esa época, para mi lejana, en que te hierve la sangre cada vez que alguien te levanta la barbilla.
La testosterona rebosa hasta por las orejas y te crees que te estás comiendo el mundo.
Tienden a querer tener la razón siempre y en todo. Les parece, creen, (creíamos) que el mundo está en su contra.
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De siempre he afirmado, y afirmo todavía, que un hijo son los primeros 20 años de “problemas”.
Luego no se van, sino que hay otros.
De “problemas” digo
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La mejor forma, a mi me funciona, es la de no tener prisa y no esperar resultados desde ya.
Ellos van a su ritmo y no entienden, no saben comprende las situaciones y las acciones a la misma velocidad que los demás quisieramos.
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A mí, lo que me ha funcionado, es ir soltando como píldoras. O sea, dices lo que hay y lo tú crees que pueda ocurrir. Al poco tiempo compruebas que si escuchaban ese día y si pillaron la idea.
Ahora bien, si lo que tú quieres es que el primer momento lo entiendan y ejecuten como tú quieres que lo hagan, ya estás chocando con piedra.
Lo mismo ocurre cuando llueve, les repites una y mil veces que se abriguen y que usen un paraguas.
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¡Qué si quieres arroz Catalina!
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A la vuelta ellos mismo te lo piden, o lo cogen, el paraguas.
Pero no cuando tú se lo has pedido.