enviar cartas en tarragona

A mí me llegan todas

De esta forma es como demuestras que te la suda lo que le ocurra al prójimo

Mira lo que te digo, el mero hecho de no poner el nombre de cada cual en el buzón de tu casa no ayuda en nada a la tarea del cartero.

O, pensándolo mejor, sí que la simplifica.

¿3º 2ª?

Ahí va.

Si no tienes la dirección bien reseñada en tus proveedores, todo eso que se lleva el quien sea que viva ahora en ese 3º 2ª.

Lo más simple es meterla en un agujero sin preocuparse de más.

Otros hay, que haylos, que alquilan o compran una vivienda y dejan el nombre del antiguo inquilino.

A esos también, ahí va. A lo que marca el sobre. Y si en el sobre no se indica piso y puerta, incluso la escalera o el bloque… Pues ahí que va. Para atrás, al remitente otra vez.

El del 3º 2ª se hincha.

Entiendo que estés preocupado por la Ley de Protección de Datos y tal y tal y pascual.

Todo eso se entiende perfectamente.

Vamos a preservar identidades. Que le importa al del sexto quien coño vive en el tercero. No vaya a ser que me robe el nombre y no tenga qué ponerme los domingos o cuando me ligue a la rubiaca de Tinder.

Al de Aliexpress cuando te trae la chorrada que has comprado dos meses atrás y ni te acordabas de ella, no le haces feos con tu nombre en la etiqueta bien a la vista y lo tira al mini-jardín de tu adosado, ni cuando pronuncia tu nombre a voces en medio de la calle.

Ahora bien, poner el nombre en el buzón infringe la Ley.

Casi mejor poner un saco en la entrada y ponemos todas las cartas ahí.

Luego las recogéis cada cual la suya.

Eso sí, poner el saco en la parte de fuera de la puerta de entrada, no sea que tengamos que molestar llamando para que abráis la puerta.

Tengo un curso, bueno también tengo un reporte, tengo un curso con el que sabrás clasificar para no perder el tiempo en la calle buscando donde poner cada carta.

Suponiendo, claro está, que la dirección esté bien puesta, o, que en esos buzones haya el nombre puesto.

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No tengo ningún don especial.
No pretendo convencerte de nada.
Yo simplemente cuento historias.
Una al día.
(Casi) todos los días.
Si no te ves capaz se soportarlo, deja paso al siguiente; los dos seremos igual de felices.

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