El artículo de ayer creo cierta controversia.
Me han llegado ciertas respuestas que no acaban de entender la situación que se estaba dando en la balsa.
No es lo mismo una operación como la que intenté, con final feliz gracias a la colaboración de mi amigo jardinero, a la que se hubiese podido dar en cualquier otro lugar y circunstancias.
Se hizo lo que se pudo, como se pudo, y no salió del todo mal.
Dicho esto y agradeciendo, como siempre, los comentarios recibidos, vamos a pasar a lo que te quiero comentar el día de hoy.

Hoy te quiero hablar de Andrés.
No, Andrés gustaba de bañarse en las balsas.
Tampoco de disfrazarse de perro.
Que no va por ahí.
Andrés es motorista. Quiero decir que es cartero de los que van en moto.
Nos estuvo acompañando un buen tiempo. Un puñado de meses.
La moto era la suya. Llegamos a un acuerdo y el ponía la moto.
Se le asignaron unas zonas y él se encargaba.
Andrés era, y es todavía, rechoncho y con melena.
Daba risa y miedo verle. Redondito y unas piernas no muy gruesas y con los pelos hasta los hombros.
En los veranos, cuando se quitaba el casco, aún daba más miedo si cabe.
Se le quedaban los pelos pegados por la cara por el sudor.
Iba en pantalón corto y se le acentuaba la delgadez de las piernas.
Más que cortos, usaba bermudas que, por su más bien escasa estatura, se le quedaban entre la rodilla y el tobillo.
Andrés no era amante del ejercicio. Supongo que sería por la costumbre de ir siempre en moto. Llevaba muchos años de motero y había tenido varios accidentes.
Tanto va el cántaro a la fuente….
No me lo imagino a Andrés de recogida de espárragos.
Te deseo un buen día.