Cuando mientes se te caen los dientes me decía mi abuela
No soy cazador.
No soy pescador.
Tampoco empotrador.
Sólo soy cartero, con lo cual no me veo en la obligación de decir mentiras.
Tampoco me veo capacitado para ejercer la política.

Todo lo anterior viene a colación de una conversación mantenido con unos amigos, padre e hijo. Los dos muy bien avenidos y ambos dos con Antonio de nombre.
El hijo le comenta al padre sus ganas de ser cazador.
Cómo pidiendo permiso, a lo que el padre le responde que para ser buen cazador primero tiene que aprender a mentir.
Es curios como hay hobbies que conllevan “cierta exageración”.
Cazadores, pescadores, folladores de la pradera Incluso una buena cantidad de dirigentes de la política, nos tienen acostumbrados a palmos de 42 centímetros.
No aguantan la presión de no haber obtenido pieza. Regresar a la casa con las manos vacías no es una opción.
Hay que regresar con la más grande y fiera de las presas.
Aunque sea mentira.
Antonio hijo va a ser uno de los grandes. Engreído no es y no se le caen los anillos por regresar de vacío.
Al contrario que a mí que, en ocasiones vuelvo con cartas en las manos.
Por último, me comentan que todo hombre tiene noches locas de tres horas seguidas.
Tres horas seguidas sin levantarse para mear.