Tienes razón.
Toda la razón en pensar que llevo muchos días diciendo lo mismo.
Cada día igual.
Que, si a lo mejor no te interesa, que a lo peor te la sopla lo que te cuento ahora.
Más de lo mismo. Hoy también.
Te cuento…
Sucede y acontece que hoy me han hecho un comentario, no he tenido una conversación, ha sido un comentario. No he querido entrar al trapo que luego dicen que tengo la lengua sucia. ¿La lengua? ¡Los higadillos sucios!
Nunca en la vida me habían dicho una cosa tan….bizarra.

Resulta que hace unos días dieron sepultura a la abuela de una conocida. No la madre. No la hermana. La abuela.
Por razones que no vienen al caso, al entierro no fui.
Al funeral tampoco.
Esta conocida es eso, una conocida.
Por razones de trabajo hemos coincidido alguna vez que otra en dispares lugares. Nada más que eso.
Una conocida nomás.
El otro día nos encontramos en un comercio y al acercarme al mostrador me mira de arriba abajo y dice “El otro día no te vi. Tendré que ponerme gafas”.
La chica de la tienda, que no es tan chica, me mira como pensando que no pillo la indirecta.
Si la pillé. Al vuelo y a la primera. Antes de llegar a “gafas” ya sabía dónde iba con el “no te vi”
Lo que no tuve fue ganas de preguntarle qué en que cajón se había dejado la educación. Y que si a todos los que no fuimos al funeral les hacía el mismo comentario.
NUNCA
Nunca
NUNCA
Nunca en la vida había oído semejante gilipollez. Ni entre personas con toda la confianza se echa en cara que no has estado en el funeral. En ese funeral.
Ya sé que abuela sólo hay una. Y confianza también. Las dos se pierden en un tris.
La primera vez, y espero que sea la última, que me dicen que no he ido a un funeral.
Y más a mi edad que, la mayoría de las ocasiones, al que conoces más del funeral es al propio protagonista.
Y a ese, le importa tres pimientos colorados que hayas ido o que no estés ahí.
Fíjate,
Si hasta la dueña del negocio se quedó de piedra que me preguntó de dónde venían tantas confianzas.