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Tonterias las justas

No siempre se puede ayudar al projimo

Hoy quiero, a sabiendas que quizá ni te interese, escribir acerca de un hecho que e dejo bien jodido al pie de una rotonda.

Y todo por echar una mano a otro conductor, verás.

Te cuento, me acerco a pasar revisión con el cardiólogo, el mío, no cualquiera.

Salgo de allí y al acercarse al lugar donde había dejado el coche aparcado encuentro que el conductor del coche aparcado delante del mío no puede arrancar el motor.

Se ha dejado las luces prendidas y se le ha “fundido” la batería.

Junto con otro conductor que pasaba por allí, le echamos una mano.

He de decir que, de los tres, el más joven soy yo.

El más joven y el más fastidiado también, no en vano hace escasos dos meses que estaba en la UCI de cardiología.

Observo la rampa por donde deberemos empujar el vehículo. Es llano y a los pocos metros se llega a una pequeña rotonda en pendiente y se trata de un turismo pequeño.

Esto está chupado me creo yo.

Me inclino hacia el maletero del coche para comenzar a hacer rodar las ruedas.

A mi lado el otro señor, con la misma pose e idea.

En la parte delantera, el dueño del coche, con la puerta abierta para que en cuanto se pongan en movimiento las ruedas aposentarse en su interior para realizar la maniobra.

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Comenzamos.

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A los pocos metros, dos o tres a lo sumo, de empujar mi corazón ya está más desbocado que una manada de cien bueyes.

Me falta el aire. Noto que comienza a fallar todo mi cuerpo.

Me veo ya sin conocimiento sobre el asfalto y sin aire en los pulmones.

Lo único bueno (si se le puede llamar bueno) es que a un par de centenares de metros están los médicos.

Dejo el coche que se vaya solo. Advierto que mi compañero de maletero hace lo mismo y nos quedamos viendo como el coche se va en silencio por la pendiente que entra en la rotonda.

Saliendo de esa misma rotonda se puede oír ya como el motor comienza a rugir.

¡Buen trabajo!

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Hemos logrado que arranque el motor.

Estoy en medio de la calzada, tragando aire a capazos enteros. El cuerpo pide más.

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El problema está en hiperventilar. Hay que hacerlo bien.

Quiere todo y solo se le puede dar de poco en poco, sino se consigue el efecto contrario.

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Entre tu y yo, ahora que no se entera nadie más de lo que te digo, han pasado más de tres horas desde el empujón y todavía noto que me falta el aire.


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