Lo que se ve de un lado, en el opuesto es eso, opuesto
Dicho esto,
Vengo a contarte de una profesión muy dura.
A primera vista parece de lo más sencillo, aunque la “comida de coco” y la fuerza mental necesaria deben ser inmensas.
A muchas personas les caen mal. Por su forma de cumplir con su trabajo.
Me consta.
A mí también me ocurría.

Es como casi todo. Hasta que no lo pruebas no sabes cuan duro es.
Es como aquel que, yendo en coche, no comprende como los camiones no hacen del todo bien los Ceda el Paso.
Hasta que ellos mismos se encuentran guiando un vehículo pesado.
Esto trata de lo mismo. Casi.
No de llevar trastos que pesan toneladas sin carga ninguna. No va de eso.
Va de empatía.
Eso tan escaso.
Quiero hacer una reflexión para con los teleoperadores.
También hay teleoperadoras, eh.
Si, esos seres entrañables que nos joden la siesta.
Los que nos fastidian la cena o la comida.
Esas personas que nos parten un partido de futbol “muy importante”.
Esos que creen saber lo que nos hace falta, como lo necesitamos y cuando debemos tenerlo ya, si aun no lo hemos recibido ya.
Esas personas hacen un trabajo. Un trabajo que les permite pone un plato de comida en la mesa apenas. Un plato que el precio es mucha paciencia tratando con personas como nosotros que llevamos el no enganchado en la lengua nada más amanecer.
Hay muchas y diversas formas, educadas, de dar a entender que no nos interesa lo más mínimo eso que intentar “colocarnos” por mucho que nos quieran hacer creer que no se puede vivir sin ello.
Mi trabajo consiste en llevar facturas. Facturas de empresas de servicios. Y multas.
Todo “cosa fina”.
Cartas que nadie quisiera, pero que llegan.
Con cariño, llegan.
Por un plato.