Al fijarte en pequeños detalles ves más de loque parece
Mira lo que te digo, estaba en la iglesia sentado junto a mi padre.
De esto hace unos años ya, él nos dejo a primeros del 2021. Mala época para vivir; muy fácil morir por covid, ¿recuerdas?
Estábamos uno al lado del otro esperando que acabase la ceremonia.
El cura a su rollo. Corintios van, corintios vienen. Que si san Juan esto, que si Lucas aquello de allá y yo volviéndome loco con el “levanta” y el “sienta”.

No encontraba la forma de adivinar lo que toca. Soy poco de ir a misa, y de participar ni te cuento. De esto ya hablaré otro día.
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En eso estaba, párriba y pábajo. Ni una sola atinaba…
Le dejé “caer” a mi padre que no había forma de saber lo que tocaba en cada parte del sermón.
Me dijo algo que me abrió los ojos.
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Mi padre me ha dicho muchas de esas que te abren los ojos a lo largo de sus años acompañándome. Las iremos descubriendo a lo largo de los años, si continuas por aquí.
Me indicó que debía fijarme en las manos del mósen. Al mismo dar el sermón, el cura lo indicaba con un movimiento de la mano.
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¡Acabose!
Un buen puñado de años rompiéndome los cuernos y tan solo debía fijarme en sus manos… ¡torpe de mí!
Son solo pequeños detalles que abren grandes puertas. O puede que las abran.
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Lo mismo que lo que cuento en este librito.
No es audio, es un pdf.
Buuufff, que pesao, tener que leer, buuaa
Que no hombre, que no, además, que va a ser todo tuyo…