En todas partes aparece alguien que sabe más que los demás.
O, al menos, así lo cree él. O ella.
Que también.
Los hay que cuando reciben una notificación de algún Organismo público, principalmente recaudatorio, se olvidan hasta de su propia identidad.
Hay personas que se imaginan que es la forma de evitar el problema; la ausencia o el desconocimiento personal.
- No, aquí no vive nadie con ese nombre.
- Vivía antes. Ahora ya no.
Es una constante en muchos domicilios.

Me tuve que quitar el sombrero ante la respuesta de un anciano.
El sentado en una silla frente a la puerta de su casa.
Barrio de casas bajas, unifamiliares. Él sentado en la puerta. Al lado del buzón.
Trás lanzar la vista al buzón y ver que los apellidos coinciden con el destinatario de la notificación le pregunto al anciano por el interesado.
Su respuesta casi hace que me caiga el bolígrafo al suelo.
Que nunca ha vivido allí nadie con ese nombre.
¡¡Y era su propio hijo!!
Sabrá él los negocios que tiene con el vástago..
Otro, también muy bueno….
Mismo barrio. Otra calle.
Antes de tocar timbre compruebo.
Un buzón con iniciales.
Coinciden con las de la carta (la carta lleva nombre completo, pero, por las iniciales, parece que es ahí, que no hay error)
Aparece un joven.
Responde que «ese tío es el que me vendió la casa».
Dos años viviendo en la casa lleva. Sin tiempo de cambiar el papelito del buzón.
¿Acaso, casualidad de casualidades, comparten iniciales?
Para acabar ya, el que me dejó más triste lo he dejado para el final.
Aparece un hombre de unos treinta largos. Le pregunto por la señora -el destinatario era hembra-
Se queda pensativo en la puerta, como dudando, y responde – «Ya que has venido hasta aquí la voy a coger, mi esposa murió hace dos meses»
Era una multa de tráfico.
Me dejó mal sabor de boca no, lo siguiente.
Aún lo recuerdo. Se me quedó clavado. «Ya que has venido hasta aquí…»
Sigo entregando cartas y demases relacionados. Sigo atesorando anécdotas. Tendría para un libro entero.
Continuo pasándolo bien con mi trabajo.
Ah, No te lo tomes al pié de la letra, Hacienda no perdona.
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