Mañana quizá la jodemos de nuevo. Hoy no
Llamas a un portal y te responde un perro ladrando. Por encima del griterío canino llegan unos gritos humanos. O lo parecen.
Se queja, la persona, de que siempre se llama a esa vivienda.
Al perro no le entiendo. Será porque no le veo y no le puedo leer los labios.
Los hay que se quejan de todo. Los hay que lo hacen desde el corazón y con razón, no te digo que no.

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Al cartero hay que abrirle.
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Es un hoy por ti, mañana por mí. Aunque ese mañana esté lejano.
Más diría, las personas tenemos vicios y necesidades. Uno de ellos es trabajar, y para ello salimos de la casa.
Quiero decir con esto que, mientras los carteros trabajamos, muchos de vosotros también.
Y lo entendemos.
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Y lo comprendemos. Como comprendemos al que no trabaja (por lo que sea) y le suena el timbre para que le abran el portal.
Si te entendemos, y comprendemos que te jodemos la siesta de media mañana para entregar unas putas cartas cuando tú lo recibes todo por mail.
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Te entendemos, chaval.
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Y entendemos a tu vecino, ese que no quiere saber nada de la tecnología y quiere tocar las facturas y recibos con sus manitas.
También a ese chaval le comprendemos. O chavala, ya puestos. O chavale, no vaya a ofenderse alguien.
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Una serie de medidas que se pueden tomar para no tener que hacer favores a los vecinos que no siguen las normas tecnológicas y sólo piensan en gastar y gastar papel y más papel…